Una tabla de surf hecha de tapones de vino

Espiritu Aloha | feb 28, 2017
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Plástico, papel, aluminio, vidrio… Tal vez ya esté familiarizado con la presencia de estos elementos en su vida y es consciente de que debe reciclarlos, pero hay otros que también son de vital importancia, como el corcho. Desde las planchas de láminas para el suelo de su casa pasando por la pizarra del despacho en la que pincha notas y fotos, hasta la pieza más común en los hogares: los tapones de vino.

Una vez usados, Ecoembes recuerda que hay que depositarlos en el contenedor amarillo, pero también puede enviarlos a cualquiera de las iniciativas privadas, como la de la consultoría Servino. “En nuestras acciones de promoción de vinos de Galicia recogemos anualmente unos 9.000 tapones que luego enviamos a reciclar”, comenta su director, Luis Paadín. Con ellos se fabrica un universo de sorprendentes objetos cero contaminantes: con dos toneladas de tapones usados, la cadena hotelera NH consiguió cerca de 8.000 metros cuadrados de pavimento para utilizar en reformas y construcción de sus establecimientos.

Otra empresa española, Rich People Things, recolecta los tapones del vino que se ha bebido otro y los convierte en tablas de surf de diseño propio. “La fabricación de una tabla convencional de foam [espuma viscoelástica] produce una emisión de unos 50 kilos de CO2 y más de 110 gramos de sustancias nocivas orgánicas. Para dar una equivalencia, fabricar una sola tabla convencional de estas supone lo mismo que las emisiones nocivas que emana un coche durante 350 kilómetros, mientras que el proceso de una tabla de corcho con tapones usados es inocuo y atóxico”, indica Ángel Rodríguez Arnal, cofundador de la empresa. Con unos 3.700 tapones de corcho se confecciona una tabla de surf grande; con 2.500, una mediana, y con algo más de 1.000, la más pequeña con la que coger estupendas olas.

Al contenedor amarillo

Según Carlos de Jesús, de la corchera Amorim, anualmente se producen 12.000 millones de tapones de corcho en el mundo. Se reciclan en el contenedor amarillo o a través de iniciativas privadas.

El corcho es un producto completamente natural, renovable y biodegradable. Su producción no supone ninguna contaminación ni perjuicio al medioambiente, ya que se obtiene mediante el descortezamiento del alcornoque. Su existencia sirve para fijar CO2 en la atmósfera.

Cada tapón de corcho natural es responsable de la fijación de 112 gramos de CO2, mientras que los tapones artificiales —de aluminio y plástico— no solo no retienen, sino que emiten 37,2 gramos y 14,8 gramos respectivamente. Además de que estos últimos tardan más de 300 años en degradarse.

Corcho en la cancha y en la montaña

El procedimiento es muy sencillo: se tritura, se tamiza y se convierte en gránulos muy pequeños sin impurezas, que sirven como nueva materia prima. Los tapones de corcho se transforman en suelos, combustible para fábricas o en plantillas para el calzado de los jugadores de la NBA o para los alpinistas de élite. Un tapón de corcho de una botella de vino puede ser casi cualquier cosa, excepto un nuevo tapón de una botella de vino. Un mundo de corcho sería un mundo mejor.